Comunicación Institucional de la Ciencia
Análisis crítico sobre el sistema estatal de comunicación científica
Que el acceso de la sociedad a la ciencia sea una realidad porque esté legislado es, para mí, una falsedad. No digo que sea inútil, porque no lo es, de hecho, considero que la divulgación de la cultura científica esté legislada es un pilar fundamental que puede constituir una sociedad en la que la ciencia sea de dominio público. Sin embargo, creo que lo verdaderamente importante comienza aquí. El cómo y cuánto se promueve el acceso a la cultura científica son en definitiva los estandartes que harán que esos pilares, asentados en forma de ley, obtengan su recompensa. A principios del siglo XXI se empezaron a dar los primeros pasos en la institucionalización de la divulgación de la cultura científica en el estado con la creación del FECYT. Además, durante las últimas décadas, la divulgación de la ciencia ha ido ganando peso en el debate social y político, fomentando su divulgación en museos científicos, creando Unidades de Cultura Científica y de la Innovación (UCC+i) y desarrollando otras instituciones de divulgación de cultura científica a nivel autonómico y local. Por tanto, es indudable que el acceso a la ciencia ha mejorado desde la década de los 90. No obstante, si nos fijamos en las doctrinas principales de la comunicación científica, observamos ciertas lagunas en algunas de las herramientas institucionales de divulgación. La veracidad, imparcialidad y objetividad de muchas de las acciones de comunicación científica pueden verse distorsionadas si no hay herramientas que sean totalmente independientes. Por otro lado, el volumen informativo que tenemos a nuestro alcance hace que se generen discursos contradictorios y los agentes institucionales de comunicación científica deben, en gran medida por su función social, no caer en la distorsión o en los discursos sesgados. Sin embargo, está forma de comunicar debe de ser igual de atractiva para el publico general si se quiere transmitir de forma efectiva la ciencia. Este equilibrio, entre rigurosidad y sensacionalismo, es difícil de alcanzar. Dependiendo de la naturaleza del comunicador que trasmite el conocimiento tenderá a ir hacia un lado o el otro, aunque también es cierto que esto siempre dependerá un poco del publico receptor.
En mi opinión, en la multidisciplinariedad esta la clave. La comunicación científica no es una tarea de uno ni de dos nichos concretos. De hecho, creo que los agentes de comunicación científica están un poco anticuados en este sentido. La trasmisión institucional de la cultura científica es poco inclusiva. Los agentes que se han ido generando desde principios de siglo siguen manteniendo una narrativa demasiado científica usando como argumento la necesidad de evitar caer en sensacionalismo para mantener la rigurosidad científica. No obstante, en mi opinión, la falta de veracidad está relacionada con la dependencia de los agentes comunicativos. Además, al utilizar estrategias o canales de comunicación científica tradicionales, el contenido científico sigue sin llegar al publico general. La sociedad y su forma de comunicar ha evolucionado de forma trepidante durante las últimas décadas y estos agentes de comunicación institucional no han sabido adaptarse a la misma velocidad. Probablemente actualmente tengamos el mayor volumen de datos científicos de la historia y, sin embargo, este hecho no es capaz de trasladarse a la sociedad en forma de cambio social. Un ejemplo claro de ello es el cambio climático. A pesar de que miles de estudios prueban la causa antropogénica como catalizadora del cambio climático, esta realidad no llega a calar en la sociedad y no hay un sismo social que provoque un cambio político.
Por ello, creo que la multidisciplinariedad y la apertura de miras de las instituciones, además de un mayor esfuerzo, son necesarias para que la ciencia llegue a la sociedad. Otros canales de comunicación como el arte, la comedia, el teatro u otras actividades culturales deben de ser exploradas. Además, creo que el dotar de independencia a estos canales de comunicación es más que necesario para alejarse de discursos sesgados y abrir la ventana a la experimentación comunicativa.
Por otro lado, opino que se deberían hacer mayores esfuerzos a la hora de motivar el espíritu divulgativo de los propios investigadores. Estos escuerzos deberían ir enfocados tanto a formar a los investigadores en una comunicación más plural. Para ello, realizar cursos de divulgación o incluso integrar, en las escuelas de doctorado, algunas asignaturas de comunicación como parte del programa formativo son medidas claves a la hora de formar investigadores. Además, fomentar congresos abiertos al público general o jornadas de puertas abiertas son formatos interesantes en los que se obliga al investigador a adaptar su lenguaje para comunicar de forma más abierta e inclusiva.

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