Los discursos de la Ciencia en la esfera pública en el S. XXI
¿Por qué quiero transmitir ciencia?
Hace unos meses viví
una época de gran confusión, tanto profesional como personal. En octubre del 2023,
después de haber estudiado un grado en ciencias ambientales, master en energías
para el futuro y especializarme en electroquímica cursando un doctorado en la
mayor institución de investigación científica del país (CSIC) decidí dar un
bandazo en mi vida. Mentiría si dijese que no sufrí un desencanto hacia la
investigación científica. Sin embargo, es
también cierto que este desencanto tuvo mucho que ver con mi desarrollo
personal y ciertos conflictos que surgieron en el ámbito laboral con mi
directora de tesis. En este contexto mi pasión por la ciencia, una fuerza
motriz que me movilizó durante prácticamente toda una década, estaba tambaleándose.
Uno de los últimos
días del mes de septiembre, uno de esos en los que sufría ataques de ansiedad, la
imagen del libro que 3 años antes provoco que me embarcase en la aventura del
doctorado inundo mi cabeza. Entonces, de forma automática, como si de una revelación
divina se tratase (en cierta forma lo fue) me di cuenta de que todas mis
decisiones profesionales que me encaminaron a dedicarme a la investigación científica
durante casi 10 años surgieron de productos divulgativos con un gran componente
emocional. Desde documentales hasta libros, pasando por artículos de prensa,
distintas piezas de comunicación científica habían marcado mi trayectoria
profesional.
Creo que esta
idea, latente en mi interior durante todo mi desarrollo como profesional,
exploto en ese momento. Mi personalidad creativa, social, comunicadora, curiosa
y, sobre todo, sensible no se adaptaba a un mundo que tradicionalmente ha sido
tan estéril en este aspecto. Sí, no puedo negar que la investigación científica
saciaba mi carácter curioso, pero no era suficiente. Necesitaba compartir
eso que tan fascinante me resultaba, necesitaba además hacerlo desde lo
emotivo, vinculándolo con lo que nos hace humanos. No es acaso la
ciencia una herramienta humana que nos ayuda a comprender de una forma más
precisa nuestro entorno. ¿Por qué está entonces tan alejada de nuestro carácter
sensible? El argumentario del respeto a la veracidad y rigurosidad de la
ciencia ha generado un mundo paralelo para la verdad, lleno de seriedad y
frialdad escudándose en la una supuesta objetividad por encima de todo. Mentira.
Un dato o
un resultado sigue siendo riguroso incluso cuando se fusiona con la
sensibilidad y calidez humana, la mezcla no le quita verdad al dato. Es
aquí donde en mi opinión existe a día de hoy trabajo por hacer. Durante las últimas
décadas se han dado pasos de gigante a la hora de desengranar artículos científicos
en lenguajes coloquiales para hacerlos accesibles al público genérico. Sin
embargo, la componente emocional de las investigaciones y su transmisión creo
que son un nicho a explotar. A mis 29 años, veo claro que todas las
decisiones importantes de mi vida han venido marcadas por eventos de carácter emocional.
¡Emocionalicemos la ciencia, hagámosla más humana! Así, llegaremos a más
personas.

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